01 abril 2007

Canción de adiós (letra y música Coti Sorokin)

fuiste la luz de mi vida
y mi musa preferida
pero todo se acabó
fuiste mi cruz de rosario
mi suerte en el calendario
la dueña de mi colchón

fuiste un tango puro y duro
escrito en papel oscuro
que no quiero ni cantar
una guitarra sin cuerdas
un collar falso de perlas
que nunca vieron el mar

fuiste un jardín de malvones
un vinilo sin rayones
una dama de verdad
que duro quince minutos
y ahora me dejas el luto
de no querer verte mas

fuiste una Lady Madonna
fuiste un gol de Maradona
fuiste la mano de Dios
fuiste todo pero fuiste
yo no se si me entendiste
que te estoy diciendo adiós

fuiste el día que me quieras
fuiste Gardel y Lepera
y la isla de Camarón
fuiste en Madrid Hortaleza
y en Buenos Aires princesa
reina mi corazón

fuiste la luz de mi vida
y mi musa preferida
que ya no puede inspirar
ni un tango ni una ranchera
ni un solo verso siquiera
solo esta canción de adiós

y este fue mi testamento
de un amor que de contento
no me dejo ni el sudor
solo queda despedirme
con voz ronca pero firme
el mal trago ya pasó

medio vals mitad ranchera
le pongo el nombre que quieras
milonguita o rock and roll
aquí adelante de todos
te estoy diciendo a mi modo
te estoy diciendo a mi modo
buena suerte chau adiós

27 marzo 2007

ICE

Los sistemas de emergencias,y la policia se han dado cuenta de que a menudo, en los accidentes de carretera, los heridos llevan encima un teléfono movil. Sin embargo, a la hora de intervenirles, no se sabe a quién contactar de la lista interminable de números.
Nos lanzan por tanto la idea de que todo el mundo añada a su agenda del teléfono el número de la persona con la que contactar en caso de urgencia bajo el mismo pseudónimo.
El pseudónimo internacional es ICE (= In Case of Emergency). Bajo éste número inscribiremos a la persona a la que llamarán los bomberos, policías, SAMUR, protección civil, etc.
Cuando haya varias opciones podremos señalarlas como*ICE1, ICE2, ICE3,* etc.
¡Es sencillo, no cuesta nada y puede ayudarnos mucho!

INVERTIR SU NUMERO DE PIN

Si usted está siendo forzado/a por un ladrón para retirar su dinero de un cajero automático, usted puede notificar a la policía marcando su PIN al revés.
Por ejemplo si su número de PIN es 1234 márquelo al revés: 4321. El cajero reconoce que su número de PIN está marcado al revés del que corresponde a la tarjeta que usted puso en la máquina.
La máquina aún le dará el dinero por usted solicitado, pero, oculto para el ladrón, la policía será avisada y saldrá para ayudarle inmediatamente.

Esta información se transmitió recientemente por la TV y declararon en el programa televisivo que raramente se usa porque las personas no saben que existe.

PD. Que nos confirme un banquero o un policía si el procedimiento es veraz.

Urville

Urville es una ciudad imaginaria que ha diseñado el francés Gilles Trehin, nacido en 1972 en Cagnes-sur-mer, cerca de Niza. Gilles es autista, pero con una alta integración social ya que vive en pareja con una chica también autista. Ha publicado un libro relacionado con su gran creación, la ciudad de Urville. Su compañera tiene también una curiosa obsesión. Sabido es que para colorear un mapa es necesario al menos cuatro colores distintos para que los paises no se confundan unos con otros. Pues bien, ella pretende buscar una explicación matemática a este fenómeno.

Nuevo blog

Siguiendo la bendita moda de los blogs el talentoso ajedrecista avilesino José María Díaz, conocido por Chema, ha iniciado el suyo. La dirección es:
http://chemaradas.blogspot.com/
A partir de ahora figurará en enlaces también.

25 febrero 2007

writetomyblog.com

Algunas veces al escribir un texto en el blog nos encontramos con limitaciones que no teniamos con el Word. Para esos casos se ha diseñado un procesador de textos, sencillo pero útil, que nos da funcionalidades similares al Word. En la pagina writetomyblog.com podemos ver el funcionamiento. De hecho este texto está escrito desde alli.

24 enero 2007

Calendario Mario Benedetti

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más todavía
"Todavía", Poemas de otros (1973-74)

Calendario Mario Benedetti

... tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
"Te quiero", Poemas de otros (1973-1974)

Calendario Mario Benedetti

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
"Vamos juntos". Letras de emergencia (1969-1973)

08 enero 2007

Estudian a "Rain Man" para desvelar los secretos de la mente

Científicos investigan el cerebro del hombre que inspiró la película de Hollywood. Su verdadero nombre es Kim Peek y recuerda de memoria 9.000 libros.

Kim PeekA Kim Peek le llevó poco más de una hora leer La caza del octubre rojo de Tom Clancy. Cuatro meses después, cuando le preguntaron si recordaba el nombre del operador de radio ruso del libro, Peek reprodujo todo el fragmento relevante en el que se hacía referencia al personaje.

Evidentemente, se trata de un hecho prodigioso. Sin embargo, para Peek —el "sabio" de la vida real en el que se basó el personaje de Dustin Hoffman en la película Rain Man— recordar algo de esta envergadura no significa más que un pantallazo de sus poderes. Para él es normal ya que sabe 9.000 libros de memoria. Puede darle indicaciones a la gente para que se ubique en diferentes ciudades de EE.UU. en base a mapas que memorizó hace años. Y recuerda perfectamente las fechas de todos los acontecimientos mundiales importantes.


Pero ahora hay más datos para agregar al prodigio de la memoria de Peek. Su cerebro puede ser la puerta que sirva para develar los misterios de la mente. Sucede que, actualmente, los científicos utilizan los estudios sobre las facultades de Peek para arrojar luz sobre la mente humana y abrir el camino para que la gente explote más su potencial intelectual.

Al menos, esto es lo que revela el último número de la publicación Scientific American.

"La historia de Kim nos revela que el cerebro humano es mucho más flexible de lo que pensábamos", dijo Darold Treffert, médico psiquiatra y uno de los autores del documento publicado por Scientific American.

"Como muchos otros sabios, sufrió una discapacidad en una zona de su cerebro, pero la compensó adquiriendo nuevas capacidades poco frecuentes en otras áreas. Esto demuestra que todos nosotros tenemos un potencial intelectual oculto. Al estudiar a Kim y otros sabios, podemos aprender a descubrir esos poderes", explicó el científico en la revista especializada.

Para profundizar y completar este estudio está colaborando la NASA. Desde la agencia espacial estadounidense se están llevando a cabo escaneos electrónicos del cerebro de Peek para intentar entender cómo usan los astronautas sus cerebros en el espacio.

Kim Peek, de 54 años de edad, nació con una deformidad en el cerebelo, en la base de su cerebro, y no tiene cuerpo calloso, el manojo grueso de nervios que normalmente conectan los dos hemisferios del cerebro.

De chico, se suponía que sufría un retraso mental grave. Recién después de mucho tiempo se descubrió que su condición era mucho más compleja. Tenía capacidades superlativas para la aritmética, pero no podía resolver las abstracciones de las matemáticas. En 1988, le adjudicaron un cociente intelectual de 87, muy por debajo del promedio. Sin embargo, algunos de sus resultados parciales se enmarcaban en el rango de la genialidad.

Peek tiene una mala coordinación física, pero una considerable capacidad de memoria, y en los últimos dos años logró convertirse en un pianista consagrado. Este último progreso —en un hombre de cincuenta y tantos años al que le faltan fragmentos importantes del cerebro— es particularmente importante, agregó Treffert.

Una clave para entender el estado de Kim es que sus hemisferios cerebrales derecho e izquierdo no están conectados. Nuestro cerebro izquierdo, donde se centra nuestra destreza lingüística, tiende a dominar nuestro cerebro derecho. Sin embargo, esto no fue lo que sucedió en el caso de Kim, lo que sugiere la posibilidad de que su cerebro derecho haya podido desarrollarse libremente.

Peek manifiesta poco interés personal en la gente más allá de los detalles aritméticos de su vida. En una conversación telefónica a su casa en Salt Lake City la semana pasada, me preguntó por mi cumpleaños. Cuando se lo dije, reaccionó con una frase. "Ah, nació un domingo", dijo, sin equivocarse.

"Es como bajar datos a un disco duro", dijo su padre, Fran, "excepto que el suyo nunca colapsa".

02 enero 2007

Mnnsajes navideños

Si algo he odiado siempre son las felicitaciones navideñas. (omito citar el anglicismo Christmas porque me pone enfermo). Pues bien, si no querias cup pues cup and middle. Ahora además de recibirlo por el metodo tradicional encima via sms para mayor gloria de Vomistar, Garrafone o Apena. No obstante hay que reconocer que algunos tienen cierto ingenio y un consabido "espíritu" navideño. Ahi van algunas muestras:
"Para el 2007 te deseo la vida de un cepillo de dientes; que tengas mucha pasta, un buen mango y que cepilles tres veces al día. Feliz año"
"Cuando un sueño se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa. Que el 2007 sea el tiempo en que tu duende aprende a sonreir. Y si no sonrie con su tierna carita, sin dudar, dale unas buenas hostias en los morros y retuércele los cojones hasta que sonría el cabrón del duende, que al fin y al cabo es el único favor de mierda que le pides en todo el puto año. Feliz Año Nuevo, porque si o por cojones"
"Una botella de cava 30 euros, un cotillón de nochevieja 60 euros, un traje de fiesta 120 euros. Que yo te felicite el año nuevo no tiene precio. Que tengas una buena salida y la mejor entrada de año"
"Enhorabuena ha sido usted seleccionado para tirar del trineo de Papá Noel. En breves instantes uno de nuestros duendecillos pasará por su casa para tomarle medida a sus cuernos. Ho, ho, ho. Feliz Navidad"
"San José, la virgen María, la mula, el buey, la asociación protectora de animales de Galilea, el niño, los pastores, la asociación de vecinos de Belén, los Reyes Magos, los pajes, los camellos, Papa Noel, los renos, El Corte Inglés, el turrón, los polvorones, las muñecas de famosa y yo te deseamso feliz Navidad."
En fin, gracias a todos los que se han molestado en enviarme estos mensajes con el mejor de los deseos. Para ellos y para todos Feliz Año Nuevo

Mensaje de año nuevo

Se acaba un año más y, por desgracia, regresamos a un estado anterior de las cosas que ya parecía superado.

Vuelven los violentos atacando el estado de derecho. Vuelven los opositores a las leyes, los que las aborrecen, los que las odian porque les incomodan les impiden acampar a sus anchas, los que no desean que haya un orden establecido.

Ayer vivimos una prueba más de los diferentes tipos de violencia (lo vi por la mañana y lo vi por la tarde). Lo viví por partida doble. A algunos eso les pareció perfecto.

Cualquier intento de dialogo se vuelve esteril ante los que quieren imponer la razón mediante las bombas o las voces. Resquicios de nuestro pasado primate.

Volvemos a tiempos pretéritos, tiempos de la dictadura de la fuerza y la sin razón. Donde las leyes solo amparaban al más fuerte. Donde las libertades estaban limitadas Algunos lo vivieron y a otros se lo contaron. Hubo un tiempo en que un grupo de individuos arrasaba haya donde iba. Un tiempo lejano pero no tanto. Algunos lo vivieron y a otros se lo contaron. También hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaban la tierra. Algunos dinosaurios se caracterizaban por su impresionante volumen que contrastaba con su diminuto cerebro. Los dinosaurios se extinguieron (o no?). Lo sé porque me lo contaron.

El año nuevo es momento para el borrón y cuenta nueva. Para que los marinos que perdieron el norte dejen de hacer el grumete, arríen su bandera pirata y se embarquen en el único barco posible, el barco de la democracia y la legalidad. Para que los zorros cambien su piel de cordero por la de otro animal más doméstico. Que el cordero ya sufre bastante. Para que nuestro oso pardo deje de ser un animal en vías de extinción. Necesitamos más osos en esta tierra. Es un buen momento el inicio del año para que los violentos, los agresores del derecho, los limitados y muchos otros más visiten o re-visiten la Universidad, la nuestra, la de Oviedo y se empapen de la sabiduría que emana esta institución.

En fin, que tengáis todos un buen fin de año y pese a todo, que no se les atraganten las uvas a esos que todos sabeis.

FELICES FIESTAS

20 diciembre 2006

Camisetas de Diarios de Futbol

Un excelente blog futbolero www.diariosdefutbol.com vende camisetas con inscripciones futboleras. Algunas rozan lo sublime
"En un partido puede pasar incluso cualquier cosa" Michel
"El futbol es incientifico" JuanMa Lillo
"Míreme a los ojitos" Luis Aragones
"Don´t be metrosexual, my friend" Gravesen
"Patapún p´arriba" Clemente
y mi favorita blanca con una cruz roja y en su interior la leyenda: "Yo vi jugar a Woodgate"

17 octubre 2006

Cita

"La vejez no es una batalla, es una masacre"
Philip Roth

28 septiembre 2006

Cita ciclista

Dios, que ha creado el cielo y la tierra, las chicas y los árboles frutales, no ha erigido los Pirineos para separar Francia de España como nos decían los maestros apuntando con su larga regla sobre el mapa colgado en la pizarra, sino para distinguir a los escaladores del resto del pelotón.
Christian Laborde, Fenêtre sur Tour, 2004

18 agosto 2006

Rubias y rubias

" Hay rubias y rubias y a estas alturas esa palabra es casi un chiste. Todas las rubias tienen sus puntos positivos, excepto quizás las rubias metálicas que son, debajo del tinte, tan rubias como un zulú y que, en cuanto a carácter, son tan tiernas como una acera. Está la rubia pequeña y graciosa que pía y gorjea, y la rubia grande y escultural que te para los pies con el hielo azul de su mirada. Está la rubia que te obsequia con miradas reverenciales de cuerpo entero, huele maravillosamente, se te cuelga del brazo y siempre está pero que muy cansada cuando la llevas a casa. Hace ese conocido gesto de indefensión y tiene esa condenada jaqueca y te gustaría darle un mamporro si no fuera porque te alegras de haber sabido lo de la jaqueca antes de invertir demasiado tiempo, dinero y esperanzas en ella. Porque la jaqueca resulta ser permanente, un arma que nunca pierde eficacia y es tan mortal como el estoque del espadachín o el frasquito de veneno de Lucrecia Borgia.
Luego está la rubia suave y complaciente y alcohólica a quien le tiene sin cuidado lo que lleva puesto con tal de que sea visión o adónde va con tal de que se trate del club nocturno más dernier cri y no falte champán seco. O la rubia pequeñita y animada que es un poquito pálida e insiste en pagar lo suyo y está siempre de buen humor y es un prodigio de sentido común y sabe judo de pe a pa y es capaz de lanzar a un camionero por encima del hombro sin saltarse más de una frase del editorial de la Saturday Review. Y la rubia pálida, muy pálida, con algún tipo de anemia que no es mortal pero sí incurable. Muy lánguida y muy enigmática y habla con una voz muy dulce y sin origen conocido y no le puedes poner un dedo encima porque en primer lugar no te apetece y en segundo lugar está leyendo La tierra baldía o Dante en el original, o Kafka o Kierkegaard o estudia provenzal. Es una apasionada de la música y cuando la Filarmónica de Nueva York toca a Hindermith sabe decirte cuál de las seis violas ha entrado un cuarto de compás tarde. Creo que Toscanini también. Ya son dos.
Y finalmente está la espléndida joya que sobrevive a tres jefes de la mafia y luego se casa con un par de ricachones a millón por cabeza y termina con una villa de color rosa pálido en Cap d´Antibes, un Alfa Romeo con piloto y copiloto, y una cuadra de gastados aristócratas a los que trata con la distraída condescendencia con que un duque ya entrado en años da las buenas noches al mayordomo."
El largo adios de Raymond Chandler

22 julio 2006

Dos vascos, una lámpara mágica y el genio

Patxi e Iñaki a pescar sardinas a la ria de Bilbao. Quedan en el muelle a las 11 y aparece Patxi con una boya de 4 metros de diámetro colgada de la caña.

- Oye Patxi, ¿y por qué llevas esa boya tan grande joder?
- Ya ves, es mucho mejor porque tú la tiras y, aunque haya una tormenta con olas de 4 metros, siempre ves la boya y sabes donde tienes el anzuelo.

- Ah, claro, claro. Oye pues, ¿y de dónde la sacaste?
- Mira tú, pues que el otro día iba por la calle y me encontré una lámpara mágica, la froté y me salió un genio que dijo que le pidiera cualquier cosa que deseara en el mundo, y que me la daría y la hostia pues y así.

- Oye, pues luego voy a tu casa y le pido yo un deseo mecaguen!.
- Vale, vale.

Media hora más tarde, en casa de Patxi, coge Iñaki la lámpara, la frota y sale un genio.
- Pídeme un deseo y te será concedido.
- Quiero tener pelas, muchas pelas, muchísimas pelas.
- Vete ahora mismo a tu casa que tu deseo ha sido concedido.

Se va Iñaki para su casa, abre la puerta y se encuentra la casa completamente llena de velas y cirios de 2 metros de altura. Llama Iñaki a Patxi:
- Oye Patxi, que yo le he pedido al genio tener muchas PELAS y me ha llenado la casa de VELAS.
- Nos ha jodido, a ver si te crees que yo le he pedido tener la BOYA más grande del mundo.

26 junio 2006

El presupuesto de Mario Benedetti

En nuestra oficina regía el mismo presupuesto desde el año mil novecientos veintitantos, o sea desde una época en que la mayoría de nosotros estábamos luchando con la geografía y con los quebrados. Sin embargo, el jefe se acordaba del acontecimiento y a veces, cuando el trabajo disminuía, se sentaba familiarmente sobre uno de nuestros escritorios, y así, con las piernas colgantes que mostraban después del pantalón unos inmaculados calcetines blancos, nos relataba con su vieja emoción y las quinientas noventa y ocho palabras de costumbre, el lejano y magnífico día en que su Jefe -él era entonces Oficial Primero- le había palmeado el hombro y le había dicho: «Muchacho, tenemos presupuesto nuevo», con la sonrisa amplia y satisfecha del que ya ha calculado cuántas camisas podrá comprar con el aumento.
Un nuevo presupuesto es la ambición máxima de una oficina pública. Nosotros sabíamos que otras dependencias de personal más numeroso que la nuestra, habían obtenido presupuesto cada dos o tres años. Y las mirábamos desde nuestra pequeña isla administrativa con la misma desesperada resignación con que Robinson veía desfilar los barcos por el horizonte, sabiendo que era tan inútil hacer señales como sentir envidia. Nuestra envidia o nuestras señales hubieran servido de poco, pues ni en los mejores tiempos pasamos de nueve empleados, y era lógico que nadie se preocupara de una oficina así de reducida.
Como sabíamos que nada ni nadie en el mundo mejoraría nuestros gajes, limitábamos nuestra esperanza a una progresiva reducción de las salidas, y, en base a un cooperativismo harto elemental, lo habíamos logrado en buena parte. Yo, por ejemplo, pagaba la yerba; el Auxiliar Primero, el té de la tarde; el Auxiliar Segundo, el azúcar; las tostadas el Oficial Primero, y el Oficial Segundo la manteca. Las dos dactilógrafas y el portero estaban exonerados, pero el Jefe, como ganaba un poco más, pagaba el diario que leíamos todos.
Nuestras diversiones particulares se habían también achicado al mínimo. íbamos al cine una vez por mes, teniendo buen cuidado de ver todos difer entes películas, de modo que, relatándolas luego en la Oficina, estuviéramos al tanto de lo que se estrenaba. Habíamos fomentado el culto de juegos de atención tales como las damas y el ajedrez, que costaban poco y mantenían el tiempo sin bostezos. jugábamos de cinco a seis, cuando ya era imposible que llegaran nuevos expedientes, ya que el letrero de la ventanilla advertía que después de las cinco no se recibían «asuntos». Tantas veces lo habíamos leído que al final no sabíamos quién lo había inventado, ni siquiera qué concepto respondía exactamente a la palabra «asunto». A veces alguien venía y preguntaba el número de su «asunto». Nosotros le dábamos el del expediente y el hombre se iba satisfecho. De modo que un «asunto» podía ser, por ejemplo, un expediente.
En realidad, la vida que pasábamos allí no era mala. De, vez en cuando el jefe se creía en la obligación de mostrarnos las ventajas de la administración pública sobre el comercio, y algunos de nosotros pensábamos que ya era un poco tarde para que opinara diferente.
Uno de sus argumentos era la Seguridad. La seguridad de que no nos dejarían cesantes. Para que ello pudiera acontecer, era preciso que se reuniesen los senadores, y nosotros sabíamos que los senadores apenas si se reunían cuando tenían que interpelar a un Ministro. De modo que por ese lado el jefe tenía razón. La Seguridad existía. Claro que también existía la otra seguridad, la de que nunca tendríamos un aumento que nos permitiera comprar un sobretodo al contado. Pero el jefe, que tampoco podía comprarlo, consideraba que no era ése el momento de ponerse a criticar su empleo ni tampoco el nuestro. Y -como siempre tenía razón.
Esa paz ya resuelta y casi definitiva que pesaba en nuestra Oficina, dejándonos conformes con nuestro pequeño destino y un poco torpes debido a nuestra falta de insomnios, se vio un día alterada por la noticia que trajo el Oficial Segundo. Era sobrino de un Oficial Primero del Ministerio y resulta que ese tío -dicho sea sin desprecio y con propiedad- había sabido que allí se hablaba de un presupuesto nuevo para nuestra Oficina. Como en el primer momento no supimos quién o quiénes eran los que hablaban de nuestro presupuesto, sonreímos con la ironía de lujo que reservábamos para algunas ocasiones, como si el Oficial Segundo estuviera un poco loco o como si nosotros pensáramos que él nos tomaba por un poco tontos. Pero cuando nos agregó que, según el tío, el que había hablado de ello había sido el mismo secretario) o sea el alma parens del Ministerio, sentimos de pronto que en nuestras vidas de setenta pesos algo estaba cambiando, como si una mano invisible hubiera apretado al fin aquella de nuestras tuercas que se hallaba floja, como si nos hubiesen sacudido a bofetadas toda la conformidad y toda la resignación.
En mi caso particular, lo primero que se me ocurrió pensar y decir, fue «lapicera fuente». Hasta ese momento yo no había sabido que quería comprar una lapicera fuente, pero cuando el Oficial Segundo abrió con su noticia ese enorme futuro que apareja toda posibilidad, por mínima que sea, en seguida extraje de no sé qué sótano de mis deseos una lapicera de color negro con capuchón de plata y con mi nombre inscripto. Sabe Dios en qué tiempos se había enraizado en mí.
Vi y oí además como el Auxiliar Primero hablaba de una bicicleta y el jefe contemplaba distraídamente el taco desviado de sus zapatos y una de las dactilógrafas despreciaba cariñosamente su cartera del último lustro. Vi y oí además cómo todos nos pusimos de inmediato a intercambiar'nuestros proyectos, sin importarnos realmente nada lo que el otro decía, pero necesitando hallar un escape a tanta contenida e ignorada ilusión. Vi y oí además cómo todos decidimos festejar la buena nueva financiando con el rubro de reservas una excepcional tarde de bizcochos.
Eso -los bizcochos fue el paso primero. Luego siguió el par de zapatos que se compró el jefe. A los zapatos del Jefe, mi lapicera adquirida a pagar en diez cuotas. Y a mi lapicera, el sobretodo del Oficial Segundo, la cartera de la Primera Dactilógrafa, la bicicleta del Auxiliar Primero. Al mes y medio todos estábamos empeñados y en angustia.
El Oficial Segundo había traído más noticias. Primeramente, que el presupuesto estaba a informe de la Secretaría del Ministerio. Después que no. No era en Secretaría. Era en Contaduría. Pero el jefe de Contaduría estaba enfermo y era preciso conocer su opinión. Todos nos preocupábamos por la salud de ese jefe del que sólo sabíamos que se llarnaba Eugenio y que tenía a estudio nuestro presupuesto. Hubiéramos querido obtener hasta un boletín diario de su salud. Pero sólo teníamos derecho a las noticias desalentadoras del tío de nuestro Oficial Segundo. El jefe de Contaduría seguía peor. Vivimos una tristeza tan larga por la enfermedad de ese funcllblwio, que el día de su muerte sentimos, como los deudos de un asmátio grave, una especie de alivio al no tener que preocuparnos más de él. En realidad, nos pusimos egoístamente alegres, porque esto significabala posibilidad de que llenaran la vacante y nombraran otro jefe que estudiara al fin nuestro presupuesto.
A los cuatro meses de la muerte de don Eugenio nombraron otro jefe de Contaduría. Esa tarde suspendimos la partida de ajedrez, el mate y el trámite administrativo. El jefe se puso a tararear un aria de Aida y nosotros nos quedamos -por esto y por todo- tan nerviosos, que tuvimos que salir un rato a mirar las vidrieras. A la vuelta nos esperaba una emoción. El tío había informado que nuestro presupuesto no había estado nunca a estudio de la Contaduría. Había sido un error. En realidad, no había salido de la Secretaría. Esto significaba un considerable oscurecimiento de nuestro panorama. Si el presupuesto a estudio hubiera estado en Contaduría, no nos habríamos alarmado. Después de todo, nosotros sabíamos que hasta el momento no se había estudiado debido a la enfermedad del jefe. Pero si había estado realmente en Secretaría, en la que el Secretario -su jefe supremo- gozaba de perfecta salud, la demora no se debía a nada y podía convertirse en demora sin fin.
Allí comenzó la etapa crítica del desaliento. A primera hora nos mirábamos todos con la interrogante desesperanzado de costumbre. Al principio todavía preguntábamos «¿Saben algo?» Luego optamos por decir «¿Y?» y terminamos finalmente por hacer la pregunta con las cejas. Nadie sabía nada. Cuando alguien sabía algo, era que el presupuesto todavía estaba a estudio de la Secretaría.
A los ocho meses de la noticia primera, hacía ya dos que mi lapicera no funcionaba. El Auxiliar Primero se había roto una costilla gracias a la bicicleta. Un judío era el actual propietario de los libros que había comprado el Auxiliar Segundo; el reloj del Oficial Primero atrasaba un cuarto de hora por jornada; los zapatos del jefe tenían dos medias suelas (una cosida y otra clavada), y el sobretodo del Oficial Segundo tenía las solapas gastadas y erectas como dos alitas de equivocación.
Una vez supimos que el Ministro había preguntado por el presupuesto. A la semana, informó Secretaría. Nosotros queríamos saber qué decía el informe, pero el tío no pudo averiguarlo porque era «estrictamente confidencial». Pensamos que eso era sencillamente una estupidez, porque nosotros, a todos aquellos expedientes que traían una tarjeta en el ángulo superior con leyendas tales como «muy urgente», «trámite preferencial» o «estrictamente reservados, los tratábamos en igualdad de condiciones que a los otros. Pero por lo visto en el Ministerio no eran del mismo parecer.
Otra vez supimos que el Ministro había hablado del presupuesto con el Secretario. Como a las conversaciones no se les ponía ninguna tar'eta especial, el tío pudo enterarse y enterarnos de que el Ministro estaba de acuerdo. ¿Con qué y con quién estaba de acuerdo? Cuando el tío quiso averiguar esto último, el Ministro ya no estaba de acuerdo. Entonces, sin otra explicación comprendimos que antes había estado de acuerdo con nosotros.
Otra vez supimos que el presupuesto había sido reformado. Lo iban a tratar en la sesión del próximo viernes, pero a los catorce viernes que siguieron a ese próximo, el presupuesto no había sido tratado. Entonces empezamos a vigilar las fechas de las próximas sesiones y cada sábado nos decíamos: «Bueno ahora será hasta el viernes. Veremos qué pasa entonces». Llegaba el viernes y no pasaba nada. Y el sábado nos decíamos: «Bueno, será hasta el viernes. Veremos qué pasa entonces. » Y no pasaba nada. Y no pasaba nunca nada de nada.
Yo estaba ya demasiado empeñado para permanecer impasible, porque la lapicera me había estropeado el ritmo económico y desde entonces yo no había podido recuperar mi equilibrio. Por eso fue que se me ocurrió que podíamos visitar al Ministro.
Durante varias tardes estuvimos ensayando la entrevista. El Oficial Primero hacía de Ministro, y el jefe, que había sido designado por aclamación para hablar en nombre de todos, le presentaba nuestro reclamo. Cuando estuvimos conformes con el ensayo, pedimos audiencia en el Ministerio y nos la concedieron para el jueves. El jueves dejamos pues en la Oficina a una de las dactilógrafas y al portero, y los demás nos fuimos a conversar con el Ministro. Conversar con el Ministro no es lo mismo que conversar con otra persona. Para conversar con el Ministro hay que esperar dos horas y media y a veces ocurre, como nos pasó precisamente a nosotros, que ni al cabo de esas dos horas y media se puede conversar con el Ministro. Sólo llegamos a presencia del Secretario, quien tomó nota de las palabras del jefe -muy inferiores al peor de los ensayos, en los que nadie tartamudeaba- y volvió con la respuesta del Ministro de que se trataría nuestro presupuesto en la sesión del día siguiente.
Cuando -relativamente satisfechos- salíamos del Ministerio, vimos que un auto se detenía en la puerta y que de él bajaba el Ministro.
Nos pareció un poco extraiío que el Secretario nos hubiera traído la respuesta personal del Ministro sin que éste estuviese presente. Pero en realidad nos convenía más confiar un poco y todos asentimos con satisfacción y desahogo cuando el jefe opinó que el Secretario seguramente habría consultado al Ministro por teléfono.
Al otro día, a las cinco de la tarde estábamos bastante nerviosos. Las cinco de la tarde era la hora que nos habían dado para preguntar. Habíamos trabajado muy poco; estábamos demasiado inquietos como para que las cosas nos salieran bien. Nadie decía nada. El jefe ni siquiera tarareaba su aria. Dejamos pasar seis minutos de estricta prudencia. Luego el jefe discó el número que todos sabíamos de memoria, y pidió con el Secretario. La conversación duró muy poco. Entre los varios «Sí», «Ah, sí», «Ah, bueno» del jefe, se escuchaba el ronquido indistinto del otro. Cuando el jefe colgó el tubo, todos sabíamos la respuesta. Sólo para confirmarla pusimos atención: «Parece que hoy no tuvieron tiempo. Pero dice el Ministro que el presupuesto será tratado sin falta en la sesión del próximo viernes. »


Hagamos un trato de Mario Benedetti

Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo.
(de una canción de Carlos Puebla)

Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo .

Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Táctica y estrategia de Mario Benedetti

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.